jueves, 28 de enero de 2016

Estados 1




Estoy en casa de mi hermano.
La tarde se consume con un vino.
Han votado en la ciudad.
Los árboles se menean suavemente
mientras juegan en el pasto los chicos
alarmados por una avispa
que revolotea alrededor
sin más peligro que la imaginación.
Hablamos.
Y en ese rito de compartir nos fundimos
acordando y discordando.
Alguien llama para hacer una cargada.
Yo no voto.
Pertenezco a otra localidad.
Una pequeña, donde se acostumbra a jugar en las plazas.
Donde nos conocemos.
Miro a los chicos y agradezco.
Hubo un tiempo donde veía a mis sobrinos
jugar en los pasillos de un hotel extranjero
donde huían por túneles
bajo las camas
y se defendían con imaginarias armas.
Pienso en esa casa -la de mi hermano-
Cuando era chico recorría esos barrancos
libremente.
Ya no hay paso.
Y los pocos que existen son con garitas
identidad y filiaciones.
Ya no volveré a pasear por ahí.
Pero allí también votan.
¿Qué es lo que votan allí?
Qué representación se harán de nosotros
que vivimos al lado
perimetrado por alambres
y monitoreado cada 50 segundos.
Los cómputos determinan realidades.
Seguramente llenaran mares de páginas.
Gargantas de sabiondos
Inescrupulosos cruces de argumentos.
Especulaciones amargas.
Los chicos corren
y la mentada avispa los sigue
sin prisa
con el zumbido ensordecedor del peligro.
Ya ha vencido el vencedor.
¿Qué representación se hará de nosotros?
Habrá jugado siempre sobre superficies controladas
sabrá lo que es la casa sin terminar
las zapatillas rotas
la angustia de no llegar a fin de mes
La salud de la señora del quiosco
La artrosis de Don Pedro
La chata fundida del Guille.
Se ha calmado el viento.
Yo no sabría a quién votar.
Esa ciudad se ha vuelto distante y extranjera.
Nadie te conoce
y tampoco se molesta en conocerte.
Cada uno se refugia tras los muros
Con barrotes
Con alarmas
Con perros
Y lo peor   con pistolas.
En la radio me dicen cómo pensar.
El viento entra por el vidrio
y se va como ha entrado.
Recuerdo al viento
que trae y lleva
como un gran cartero las noticias.
Al menos sobre esta carretera
puedo llegar hasta mi casa
y revivir la alegría de un encuentro.
Mañana veré
como sigue este trazado.
Pienso en los vencedores
y en cuantas cosas se habrán perdido.
Seguramente la avispa andará traspasando alambres

sembrando pánico en una ciudad extrajera.

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