martes, 27 de junio de 2017

lo perdido

Cuando se pierde el amor nada queda. Son palabras las que intentan mantener reunido lo fragmentado. Funciona de esa manera. Se desconoce a quién ha convivido durante meses o años. Es un otro desconocido, distinto, y las más de las veces aborrecido. También los recuerdos, al menos en el primer tiempo, se diluyen. Y se dice que el amor no existe y que es fruto de una debilidad y de un engaño.
En la política, como en la economía, cuando se pierde el amor, se deja de creer en el otro y se vuelve distante, necesitado y pobre.
Cuando se pierde el amor se pierde el mundo. Su magia y su potencia. Y se deambula por la tierra sin otro motivo que el propio y sin otro pensamiento que el inútil.
Cuando se pierda el amor definitivamente, dejaremos de ser lo que somos y no podrá sobrevivir la razón pura a la profunda tristeza de lo perdido.
En mi país existe un presidente que no ama y aunque diga una y otra vez yo sé que a sus palabras le falta algo tan simple como el amor.
No hay amor en quienes lo acompañan, ni en aquellos que lo cubren. Tampoco en la oposición, porque tampoco aman. Ni en los sindicalistas, ni en los empresarios, ni en los propietarios de la riqueza de la tierra, ni en los periodistas, súbditos de las empresas, porque tampoco aman.

Cuando se pierde el amor se pierde el mundo y todo da igual.

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